La fábrica de unicornios

Siglos atrás, en el reino de la Atlántida, un proyecto muy ambicioso vio la luz.

El genio del reino, una criatura con vastos poderes y conocimientos comenzó a explorar las habilidades de los animales que allí vivían. Pasó tiempo con los flamencos, con los cisnes, con los búfalos, e incluso, con los tiburones. Pero luego de un tiempo, el genio concluyó que ningún animal de los que allí habitaban era lo suficientemente fuerte, lo suficientemente listo o lo suficientemente bello para ser digno de ser su mascota.

Por ello, cuando pudo volver a su palacio luego de sus aventuras con animales, se confinó en el laboratorio que había erigido en sus mazmorras. Dió rienda suelta a su creatividad e imaginó al animal perfecto: una criatura que se pareciera a un caballo, con curvas perfectas y delicadas líneas que conformen su figura. Su cuerpo estaría decorado con los más vívidos colores de su paleta de pinturas, y un solemne cuerno brillante y afilado coronaría su rostro.

Ese animal sería tan inteligente como un delfín, tan compañero y amigable como el perro doméstico, ágil como un león y fuerte como el búfalo.

Dudó por un instante que fuera capaz de crear aquella criatura, pero tras muchas, muchas semanas de esforzado trabajo, finalmente su milagrosa creación, los unicornios, despertaron en su nueva vida.

Mas hubo en esos tiempos muchos problemas en el reino de la Atlántida. El genio estaba preocupado por ellos… y ello hizo que los unicornios no salieran como él lo esperaba.

Algunos salían flacos, muy flacos... Otros salían malos, con un muy mal carácter… Otros, bueno… eran simplemente comunes. Ninguno no de los unicornios pudo satisfacer la imagen majestuosa que el genio había proyectado para ellos. Por ello, el genio, se rindió en su búsqueda y se entristeció en gran manera.

Poco tiempo después, hace en los jardines del palacio del genio, un animal que a él le resultó familiar, aunque no lo conocía.

* Por qué estás tan triste? - Le pregunto el animal al genio. * Porque me he esforzado mucho por crear al animal perfecto, al unicornio ideal, que sea digno de vivir conmigo en el palacio y ser mi mascota. Mas no lo he logrado. - Le respondió decepcionado el genio. * Pero genio… nosotros, los unicornios, ya existimos. Tú no nos has inventado, desde siempre hemos estado aquí y tú estás vivo a causa de nosotros. Y somos buenos, fuertes, bellos e inteligentes, pero no somos perfectos. Y tú, por más habilidoso que seas, jamás conseguirás crear al unicornio perfecto.

Enfurecido por la realidad que ese desconocido unicornio le demostró, el genio se despidió de mala manera de él. Lo echó de su propiedad y se volvió a encerrar en las mazmorras para buscar el unicornio perfecto que tanto había soñado… y demostrarle a aquella pequeña insolente que estaba equivocada.

Años le llevó al genio, pero finalmente, lo consiguió. Fue capaz de crear una criatura tan maravillosa que fue digna de ser su mascota. Pero el genio fue aún más lejos, el genio creó muchos, muchos unicornios. Uno más bello y solemne que el anterior. Tanto admiró el genio a su creación, que se enamoró de ellos.

Pasaron los meses, y el genio enamorado… finalmente eligió al unicornio más bello para casarse. La boda se celebró, y todas las criaturas del reino fueron a darle sus vivas a los novios. La vida para el genio, era perfecta.

Pero algo pasó… cuando volvieron de su luna de miel, el unicornio con quién se había casado se complotó con los otros unicornios mascotas para arrebatarle el palacio y todas sus pertenencias al genio. Los unicornios, lo habían engañado.

Ya el genio fuera de su palacio, recibió la visita de aquella pequeña unicornio con quién tanto se había enojado. Esa pequeña unicornio que tan pacientemente esperó en las afueras del palacio un momento para reencontrarse con el genio.

* Lo has visto, genio? En tu intento por crear al unicornio perfecto, creaste tu burbuja y te enamoraste de tu propia realidad, no de la realidad que te rodea. Aquí estamos y aquí siempre estaremos. Tú no me has creado a mi, pero tengo un secreto aún más grande: no has creado a nadie. Te dejaste llevar por tus deseos y te has olvidado que en tus aventuras me conociste a mi, que te he amado desde el principio.

Y así fue como el genio no tuvo más que aceptar que en su afán de perfección, todo lo había perdido. Tan solo se quedó con el cariño del unicornio que a su rescate se dedicó…

Por desgracia, aún no sabemos cómo termina la historia. Sólo sabemos que el genio y su unicornio se fueron a vivir nuevas aventuras a tierras lejanas. Quizás el genio contraiga nuevo matrimonio con esa pequeña, quién sabe?!

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